Mientras las exportaciones argentinas de litio alcanzan niveles récord, científicos del CONICET desarrollan un método para recuperar metales de baterías agotadas. La innovación abre una posibilidad estratégica: dejar de pensar el litio solamente como un recurso que se extrae y comenzar a construir una industria capaz de reutilizarlo.
Reciclaje de baterías de litio en Argentina
Una batería descartada conserva litio, cobalto, níquel, manganeso y aluminio. Continúa siendo una reserva de materiales valiosos, aunque resulte invisible bajo la forma de un residuo peligroso.Un equipo del CONICET y la Universidad de Buenos Aires trabaja para recuperar esos metales mediante un procedimiento que utiliza cápsulas de biopolímeros. Funcionan como “esponjas inteligentes”: cada una puede capturar una sal metálica determinada y separarla del resto de los componentes disueltos. El desarrollo fue probado en baterías de teléfonos celulares y el próximo paso será aplicarlo a baterías de automóviles. Los investigadores ya mantienen conversaciones con una empresa automotriz para avanzar hacia esa escala. La novedad modifica la discusión argentina sobre el litio. Hasta ahora, el debate estuvo concentrado en la extracción, las inversiones, las exportaciones, el agua utilizada en los salares y la distribución de los beneficios. El reciclaje incorpora otra dimensión: qué ocurrirá cuando las baterías que hoy movilizan vehículos, teléfonos y sistemas de almacenamiento lleguen al final de su vida útil.
De la cordillera al circuito industrial
Entre enero y agosto de 2026, las exportaciones mineras argentinas alcanzaron USD 6.059 millones, un 65,7% más que durante el mismo período de 2025. El litio aportó USD 1.467 millones, con un crecimiento interanual del 190,5%, y representó el 24,2% de las ventas externas del sector. Las cantidades exportadas también aumentaron un 56,8%. La expansión es real, aunque el oro continúa siendo el principal producto minero del país. El crecimiento del litio puede aportar divisas, empleo e infraestructura a las provincias productoras. Pero extraer un mineral no garantiza dominar la tecnología que organiza su valor. Las etapas más complejas continúan en la refinación, los materiales activos, las celdas, los sistemas electrónicos, el software de gestión y el reciclaje. La Agencia Internacional de Energía advierte que la capacidad proyectada para fabricar cátodos fuera de los centros industriales dominantes equivale apenas a una tercera parte de la minería de litio prevista. Nuestra América produce alrededor de una cuarta parte del litio mundial, pero todavía procesa localmente una proporción limitada de sus minerales estratégicos. Esa distancia entre extracción y conocimiento define buena parte de la dependencia contemporánea. El país puede aumentar sus exportaciones y, al mismo tiempo, importar las tecnologías necesarias para utilizar, controlar y recuperar los materiales que vende.
La próxima disputa ya comenzó
El reciclaje de baterías todavía ocupa un lugar reducido dentro del abastecimiento mundial, pero su importancia crecerá rápidamente. La Agencia Internacional de Energía estima que alrededor de 1,2 millones de baterías de vehículos eléctricos podrían finalizar su vida útil en 2030 y unos 14 millones en 2040. La innovación también se acelera: las patentes internacionales vinculadas con la reutilización, clasificación y recuperación de metales de baterías crecieron en promedio un 42% anual entre 2017 y 2023. El mapa industrial ya presenta una concentración considerable. China reúne más de tres cuartas partes de la capacidad mundial de pretratamiento y cerca del 90% de la recuperación de materiales. Quien controle el reciclaje dispondrá de una fuente secundaria de minerales, reducirá su exposición a interrupciones externas y acumulará conocimientos aplicables a nuevas generaciones de baterías. La Argentina todavía está a tiempo de ingresar en esa cadena. Tiene producción de litio, universidades, químicos, especialistas en materiales, industria automotriz y una extensa red de recicladores urbanos. La oportunidad consiste en conectar esas capacidades mediante sistemas seguros de recolección, trazabilidad, plantas piloto, normas técnicas y compradores industriales para los materiales recuperados.
Una innovación que necesita instituciones
El procedimiento argentino exige primero neutralizar la carga de la batería para evitar incendios o explosiones. Después se desarma el dispositivo y se aplican procesos químicos que permiten disolver los metales. Las cápsulas fabricadas con celulosa vegetal separan las sales para que puedan reutilizarse en nuevas baterías, semiconductores, pinturas, vidrios o aplicaciones médicas. Todavía es una tecnología de laboratorio, no una solución industrial disponible. Deberá demostrar que puede escalar, mantener su eficiencia, operar con seguridad y competir económicamente con otros métodos. Esa distancia entre un resultado prometedor y una planta productiva requiere financiamiento, ingeniería, regulación y empresas dispuestas a asumir riesgos. Aquí aparece la contradicción de fondo. El proyecto de Presupuesto 2027 prevé, según el análisis del CIICTI, una reducción real del 9,3% para el CONICET frente a 2026. El INTA perdería un 18,4% y el INTI un 17,3%. Las cifras todavía pueden modificarse durante el tratamiento legislativo, pero muestran una trayectoria difícil de conciliar con el objetivo de agregar valor tecnológico. La investigación que hoy permite imaginar una industria de reciclaje nació dentro de organismos públicos, con equipos especializados y años de acumulación científica. Premiar el resultado mientras se debilita el sistema que lo produjo convierte la innovación en una excepción cada vez más difícil de repetir. La primera mina argentina de litio se encuentra en la cordillera. La segunda comenzará a formarse dentro de millones de baterías usadas. La diferencia es decisiva. La primera entrega un recurso natural que no puede regenerarse. La segunda recupera valor, disminuye residuos y conserva materiales estratégicos dentro del circuito productivo. La soberanía tecnológica no consiste solamente en poseer litio bajo la tierra. Comienza cuando el país puede decidir qué hacer con él antes, durante y después de su utilización. Exportar el mineral genera divisas; dominar su ciclo completo construye poder.

